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Gratis: Nuestros viejos pecados

Desde mañana día 15, ofrecemos descarga gratuita vía Kindle de esta novela corta, escrita por Juan José Fermín Pérez.

La reencarnación, se crea en ella o no, es un concepto fascinante. ¿Cuáles fueron nuestras pieles y cuál fue nuestra casa en el mundo y en el calendario? ¿Dónde brillamos y dónde volcamos nuestras sombras? En esta historia, hay culpas tan hondas que desbordan la tumba, y penas que saltan el abismo de las décadas para hablarnos desde la almohada. Un secreto escondido desde los días de la Segunda Guerra Mundial está a punto de romper su jaula.

 

 

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Curiosa publicidad en el siglo XIX: Cocas y Colas

En el siglo XIX, la cocaína se utilizaba para tratar los síntomas de numerosas enfermedades, como las de garganta, las del estómago e, incluso, para aliviar el dolor de que provocan los nuevos dientes a los bebés. También se aprovechaba sus propiedades estimulantes. Muchas veces, en combinación con kola, el extracto de una nuez que contiene cafeína. Coca y cola: ya tenemos aquí los ingredientes de lo que será uno de los mayores iconos de nuestra civilización.

History of Coca-Cola_Safeguarding the brand

John Stith Pemberton fue un farmacéutico estadounidense, nacido en 1831. Participó en la Guerra Civil, y recibió una fea herida de sable. Los médicos le trataron con morfina y le devolvieron a casa con un cuelgue tan gordo como el todos los protagonistas de Trainspotting. Deseando quitarse a ese King Kong de la espalda, Pemberton decidió crear una bebida que le sirviera de ayuda. Mezclando alcohol y cocaína creó una bebida llamada el Pemberton’s French Wine Coca.

092 macon beacon., march 24, 1888

En 1886, Pemberton eliminó el contenido alcohólico –cocaína vale y pase, le dijeron las autoridades. Pero el alcohol es cosa del Demonio–, y usó sirope, al que añadió nuez de kola. Para salir a flote, el buen hombre tuvo que vender los derechos de su invento. Murió de cáncer sólo dos años después, en 1888, sin sospechar los beneficios multimilonarios que generaría la Coca Cola.

El primer anuncio que apareció en la prensa, en The Memphis appeal, de 15 de junio de 1887,  decía: “Pregunte a su vecino qué ha curado su dolor de cabeza y le responderá Coca Cola, pues ha curado más de cincuenta casos sin fallar en una sola ocasión”.

094 the memphis appeal., june 15, 1887

Sin embargo, Permberton no fue el primero que tuvo la ocurrencia de mezclar alcohol y cocaína. En España ya se fabricaban bebidas similares, si bien nos faltó la visión comercial que sí tuvieron los norteamericanos. quizá por eso ellos son la primera potencia del mundo, mientras que nosotros vamos ya por la enésima temporada de Gran Hermano, sin contar las ediciones VIP.

099 coca vino - el siglo futuro. 9-12-1880, n.º 1 520

El caso más significativo fue el de la Kola Coca. En 1880, tres socios fundaron una destilería en Aielo de Malferit, un pueblo de Valencia. Presentaron sus licores en diversos certámenes y exposiciones, consiguiendo bastantes premios. En 1885, un año antes de que Pemberton le cambiara el nombre a su French Wine Coca, los valencianos daban a conocer, en un certamen organizado en Filadelfia, una bebida que contenía nuez de kola y de coca. Cuando Coca Cola llegó a España, en 1952, descubrió que no podía registrar su marca, porque se parecía demasiado a la Kola Coca valenciana. Los norteamericanos  decidieron acercarse hasta Aeilo de Malferit, y comprar los derechos de la marca por treinta mil pesetillas.

095 - cola coka - 1903

El licor de nuez de kola valenciano se sigue fabricando, por cierto. Sin coca, claro.

Estas y otras anécdotas se podrán leer en Curiosa publicidad en el siglo XIX, que se publicará próximamente.

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Curiosa publicidad en el siglo XIX: amantes

El Romanticismo es una época dulcificada por la distancia. Una mentira más o menos hermosa, para esconder un paisaje infectado por la sífilis o la tuberculosis, y donde los corsés aprietan hasta el límite de la asfixia. En el siglo XIX, el amor tiene tantos lastres que no puede moverse. En las clases altas, los matrimonios se pactan sin consultar a los corazones. En las bajas, muchas décadas antes de que se hable de los derechos de la mujer o de divorcio legal, una boda puede equivaler a una cadena perpetua. Las calles tienen más iglesias que bares, y la moral católica lo empapa todo, tan pesada y venenosa como una lluvia de plomo fundido. Por eso, incluso si hay una chispa genuina entre dos jóvenes, sólo podrán verse bajo la supervisión directa de la familia, y no disfrutarán de intimidad hasta la noche de bodas. Los versos de un poeta romántico son, en el fondo, un grito de desesperanza. Sueños que no pueden saltar de la almohada. Quiero y no puedo.

la ultima moda, 30 de diciembre de 1900

Pero se sigue soñando, porque el cuerpo es enemigo de los barrotes, y siempre busca un poco de fuego cuando tiene tanto frío. A pesar de la educación recibida, de la paranoica vigilancia de la sociedad, del morder de la culpa y el pecado, hay quien necesita saltarse las barreras. Aunque no es fácil ser infiel en el siglo XIX. Los hombres que necesiten quemar sus pasiones más bajas pueden buscar refugio en una prostituta (una práctica que nadie comenta ni admite, pero es ampliamente tolerada y explica la monstruosa expansión de las enfermedades de transmisión sexual en aquella época). Pero las mujeres no lo tienen tan fácil. Están sometidas a su marido, y no es raro que también compartan techo con sus madres o sus suegras. Rara vez tienen excusa para salir solas de casa. La tecnología tampoco ayuda. Hoy existen mil maneras de conocer gente y contactar con ellas en el acto. Pero en el siglo XIX, sin teléfonos ni Internet, los mensajes deben ser mucho más directos. Una carta, un intermediario, un simple susurro al oído: todos los métodos posibles implican en un enorme riesgo.

portada nuevo mundo, 28 de septiembre de 1898

Alguien se dio cuenta que los anuncios por palabras podían ser una estupenda manera de enviar un mensaje. Sin aportar pistas de ningún tipo, dos amantes podían comunicarse en público sin llamar la atención. Por su naturaleza, son mensajes confusos y no siempre coherentes. Muchas conversaciones se han empezado por otra vías, y se terminan de manera abrupta. Pero es posible seguir algunas de esas historias durante un buen tramo. Por ejemplo, aquí tenemos las palabras de un tal E.O, publicadas en la revista Nuevo Mundo, el 17 de agosto de 1898:

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Pero el enamorado se desespera por no recibir la atención que cree merecer. Por eso escribe en el siguiente número, una semana después:

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El amante reaparece el 14 de septiembre, con el siguiente mensaje:

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¿Qué interrogante se le habrá clavado en el corazón? En esas líneas se intuye un cascabeleo de cristales rotos o el vacío de un libro que se acaba, cuando aún no se busca el final. La duda quedará resuelta el 21 de septiembre:

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Pero, en un dramático giro de los acontecimientos, como diría Fermín Trujillo,  los fragmentos se han vuelto a recomponer siete días más tarde:

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El culebrón sigue algunos capítulos más. E.O, que no parece el hombre más listo ni el menos machista de su época, se quejará de que:

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Después de enseñar su carácter celoso, E.O. se quedará sin respuesta, quejándose de falta de noticias durante varias semanas, hasta confundirse con el silencio. Es sólo un ejemplo, de los muchos que salpican las páginas de esas revistas y periódicos. Amores que nacieron y murieron en tiempos de nuestros tatarabuelos, y de los que sólo han quedado palabras impresas en una hemeroteca. Hay algo poético en la desesperación de hombres y mujeres como E.O, condenadas a esperar una semana entre mensaje y mensaje; a intercambiar una o dos cartas al mes, en el escenario más ingrato; a verse como las estaciones, tres o cuatro veces al año, tan furtivos y asustados como gatos que roban su comida, o a no verse jamás, salvo algún intercambio de miradas en un plaza o un teatro. Nosotros, que nos impacientamos si tardan cinco minutos en contestarnos un WhatsApp, que somos libres de querer por encima o por debajo de las sábanas, no soportaríamos el peso de tantos grilletes. Pero verlos (tan grandes, tan pesados, enemigos de la piel y de la carne que los soportan) quizá nos ayude a valorar nuestro lugar y nuestro tiempo.

Más ejemplos y detalles en Curiosa publicidad en el siglo XIX, que se publicará próximamente.

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Curiosa publicidad en el siglo XIX: ¡Navidades!

Seguimos trabajando como hormigas con esteroides en nuestro siguiente proyecto. A falta de unos pocos capítulos para el final, ya tenemos lista la (posible) portada:

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Una de las secciones de libro nos habla de Navidad, porque gran parte de esa tradición nació en el siglo XIX. Los Belenes proceden de los tiempos de Isabel II, década o arriba a abajo, que las madres fabricaban “sacrificando a lo pintoresco la verdad histórica y cometiendo en aras de la estética casera los mayores anacronismos”, como dice una revista de 1896. Por esa fecha, con el siglo XX ya a la vista, se consolida el decorar un árbol, que se llenará de regalos en Nochebuena.

Niño arbol - La Ilustración ibérica (Barcelona. 1883). 25-12-1886
Niños estrenando sus regalos debajo del árbol. La Ilustración ibérica, de 25 de diciembre de 1883

Tampoco es una tradición muy antigua, digan lo que digan algunos ciudadanos de bien, escribir a los Reyes Magos. Unos personajes cuya existencia histórica se pone en solfa, por cierto, y se acercan más al terreno de la alegoría: los tres grandes pueblos o etnias de la Tierra (asiático, africanos y europeos) reconociendo la autoridad del Hijo de Dios. La primera cabalgata de Reyes no se celebró hasta 1866, en Alcoy.

navidad en plaza mayor La Ilustración ibérica (Barcelona. 1883). 20-12-1884.png
Puestos de venta navideños en la Plaza Mayor de Madrid. La Ilustración ibérica, de 20 de diciembre de 1884

Y no, Papá Noel no es un personaje creado por la Coca Cola, como se repite una y una vez en determinados mentideros. En grabados del siglo XVII ya se le representa con un aspecto bastante similar al actual, con un traje ribeteado de pieles. Fue el artista norteamericano Thomás Nast quien empezaría a dibujarlo tal y como lo conocemos: un señor de aspecto amable y regordete, con la barba blanca y el traje rojo, a partir de 1868. La Coca Cola apareció casi veinte años más tarde, en 1886, aunque si es cierto que empezó a usar a Papa Noel en algunas de sus campañas publicitarias , a principios del siglo XX.

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San Claus. Ilustración de Thomas Nast. Publicado en Harper’s Weekly, 1881

Otra tradición navideña, la lotería, se instauró en 1812. Echar a los franceses y pagarle todos las caprichos a Fernando VII salía caro, y en las arcas del estado no quedaban ni las telarañas. Ya se celebraban sorteos oficiales desde 1776, en tiempos de Carlos III, y alguien se dio cuenta que sería una estupenda manera de rascar pasta.

Todas estas curiosidades, y algunas más, se cuentan al detalle en el libro.

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Caras y Caretas, 1 de enero de 1899

 

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No escribas

Esta entrada va a resultar desagradable para mucha gente. Pero los buenos consejos no siempre tienen buen olor. Internet está llena de artículos que te invitan a convertirte en escritor/a. Ellos mismos te indican motivos por lo que es una idea estupenda sentarse delante de un papel en blanco, y parlotean sobre editores y la pasta que te puedes llevar por cada libro vendido. No te hablan de publicar dentro unos años, cuando reúnas la experiencia y el conocimiento necesarios para escribir una historia más o menos potable. Te dicen que puedes lanzarte a la piscina hoy mismo. A lo loco.

Esas palmaditas en la espalda no te las dan gratis, esa es la trampa: suele tratarse de talleres literarios o plataformas de coedición que están deseando hacer negocio a tu costa. Van a jurar que tu lista de la compra, esa que escribiste en un Post It amarillo, es más original que el Ulises de Joyce, mientras puedan sacarte los cuartos.

Si en vez de hablar de literatura, habláramos de tocar un instrumento, las cosas estarían más claras. Sin haber dado un buen montón de clases, durante meses y meses ¿nos subiríamos a un escenario, a tocar un solo de guitarra o una melodía al piano? Ni en sueños, claro, porque haríamos el ridículo.

Sin embargo, todos hemos caído en esa trampa. Incluso nosotros. Yo recuerdo un artículo que te aconsejaba, incluso, que diseñara e imprimiera tarjetas de visita, donde figurase en grande el título de ESCRITOR, porque era la mejor manera de creérselo. Pero eso equivale a presumir de médico o de ingeniero sin haber pisado la Universidad: es inútil y ridículo. También lo es el afán de publicar, por encima de todas las cosas, cuando aún no se conoce los rudimentos más básicos sobre literatura, como saber encajar de manera coherente una presentación, un nudo y un desenlace. Para un autor no es importante lo que haya publicado, sino lo que haya escrito. Paco de Lucía no agarró una mañana la guitarra, y se sentó esa misma tarde a tocar Entre dos aguas. Pasó un buen montón de años, muchas horas al día, destrozándose las yemas de los dedos entre las cuerdas de una guitarra. Escribir es eso: pegarse con una tonelada de papel, inventando historias, refinando la técnica, eliminando flaquezas y dándole brillo a las virtudes. Si se piensa en firmar ejemplares en la Feria de Libro, o se tiene sueños húmedos con la pasta que se puede ganar por derechos de autor, se está perdiendo el tiempo. Por no hablar que es más fácil recibir un premio de la lotería, visto el patio, que convertirse en un Best Seller.

No, no debes escribir si no tienes fiebre, si la imaginación no te aprieta las sienes desde dentro, amenazando con reventarte el cráneo. Es un consejo desagradable, pero bastante honesto.

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El loco de la baraja: gratis este finde

A partir del viernes, El loco de la baraja estará disponible gratuitamente. Libro que agencias literarias tan importantes como la de Sandra Bruna o IMC tildaron de “fresca y original“, con “una trama trepidante” además de “interesante y entretenida“, pero que no publicaron  porque “el género de humor, añadido a una voz poco conocida” no garantizaba un buen volumen de ventas (en serio. Ahí tengo los correos).

La novela se planteaba como la primera parte de una trilogía, que algún día me animaré a escribir cuando supere el chasco de saber que, donde se pone la biografía de Belén Estebán, no cabe la novela de un desconocido, por estupenda que sea. Los guiones están preparados, y contemplan superhéroes y armas de destrucción masiva en medio de un Madrid – Barça (entre otras burradas). Como digo, puede que me ponga a trabajar en el asunto cuando el bicarbonato haga efecto y me baje la bilis. También sería un buen incentivo conocer vuestras opiniones y recibir críticas.

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Nuevo diseño

WordPress tendrá mucha fama, pero es más feo que la fachada de una VPO. Hay que asumirlo. Si te conformas con las opciones gratuitas, sólo puedes acceder a un puñado de plantillas que parecen haber escapado de los tiempos del Frontpage 2000, con unas posibilidades de personalización casi nulas. Así que hemos escogido la opción menos horrorosa de todas, para darle un nuevo aspecto a la web, mientras pensamos si conviene o no conviene emigrar a otra plataforma. Una que haya entendido que estamos ya en 2018.

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