Publicado en Editorial, Lanzamientos

Curiosa publicidad en el siglo XIX: ¡Sexo!

Corset
Alfred Choubrac, finales del siglo XIX

En el siglo XIX, la moral es tan rígida como una coraza de hierro. Estamos en la época de los corsés, apretados con tanta fuerza que algunas mujeres se lastiman los órganos internos. Al matrimonio no sólo se llega virgen, y dispuesto a firmar un contrato de fidelidad que debe mantenerse hasta la tumba. La propia idea del sexo asusta y repugna, incluso entre los médicos.

En Minerva, una revista científica de 1807, se hablaba de “Las enfermedades de nervios producidas por el abuso de los placeres del amor”. También nos advertía del “abominable vicio de la masturbación” que hace que las mujeres caigan en “afecciones histéricas y un desorden general de todo el sistema nervioso”. Los hombres tampoco están libres de peligro. El “exceso de placeres venéreos”, según revistas como Décadas médico-quirúrgicas, de 1821, o Repertorio médico extranjero, de 1832, causa parálisis, cáncer e incluso la muerte.

La Vida Galante, 6 de Noviembre de 1898

Existe la creencia de que la potencia sexual no es ilimitada. Que se va gastando poco a poco, como los cartuchos de una escopeta, llevándose por delante la salud. En La gaceta médica, de 1853, se asegura que “una pérdida excesiva de semen ocasiona laxitud, debilidad, convulsiones, flaqueza, extenuación, dolores […] y diversas enfermedades”. Así que guardad todos el pájaro en la jaula, pilluelos y pilluelas. El sexo es para tener hijos, y para nada más, o ateneos a las consecuencias.

Revista La vida galante, de 19 de marzo de 1899

Ese puritanismo, que nos parece absurdo, tiene su lógica. En el siglo XIX no existen ni los preservativos ni los antibióticos. Cuando se hace parada y fonda entre sábanas ajenas, es fácil contagiarse de enfermedades como la sífilis, la gonorrea o el herpes, para las que aún no existe cura. Hablamos de afecciones terribles, dolorosas o incluso mortales, que pueden transmitirse también al feto, en el caso de las mujeres que se queden embarazadas. Una canita al aire, en ese tiempo, equivalía a jugar a la ruleta rusa. Visto así, la castidad parece la única protección razonable.

Sin embargo, hace doscientos años, la gente tampoco era de piedra. Las páginas de anuncios están llenas de remedios que prometen recuperar las fuerzas perdidas disparando al aire, o garantizan alivio para las enfermedades venéreas. En realidad, ninguno de estos tratamientos es eficaz, sino todo lo contrario. Por ejemplo, la sífilis se trataba con mercurio, que es una manera muy rápida de acabar en la tumba, porque hablamos de un metal bastante tóxico. Otros medicamentos sólo eran placebos, destinados a enriquecer a sus creadores, o escondían sustancias estupefacientes, como los derivados del opio, que aliviaban las molestias durante un rato.

La vanguardia, 1 de enero de 1881
El país, 18 de diciembre de 1900
La Unión, 7 de febrero de 1887

Resumiendo, en el tiempo que va de Napoleón a Alfonso XIII, la cama podía ser un lugar más peligroso que un campo de batalla. Aunque diera más gustito.

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Ediciones Negras nace con la vocación de ayudar a nuevos autores, ofreciéndoles una manera de promocionarse. También quiere acercar al público géneros que no siempre tienen la difusión que se merecen, como el terror o la fantasía.

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