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Curiosa publicidad en el siglo XIX: Cocas y Colas

En el siglo XIX, la cocaína se utilizaba para tratar los síntomas de numerosas enfermedades, como las de garganta, las del estómago e, incluso, para aliviar el dolor de que provocan los nuevos dientes a los bebés. También se aprovechaba sus propiedades estimulantes. Muchas veces, en combinación con kola, el extracto de una nuez que contiene cafeína. Coca y cola: ya tenemos aquí los ingredientes de lo que será uno de los mayores iconos de nuestra civilización.

History of Coca-Cola_Safeguarding the brand

John Stith Pemberton fue un farmacéutico estadounidense, nacido en 1831. Participó en la Guerra Civil, y recibió una fea herida de sable. Los médicos le trataron con morfina y le devolvieron a casa con un cuelgue tan gordo como el todos los protagonistas de Trainspotting. Deseando quitarse a ese King Kong de la espalda, Pemberton decidió crear una bebida que le sirviera de ayuda. Mezclando alcohol y cocaína creó una bebida llamada el Pemberton’s French Wine Coca.

092 macon beacon., march 24, 1888

En 1886, Pemberton eliminó el contenido alcohólico –cocaína vale y pase, le dijeron las autoridades. Pero el alcohol es cosa del Demonio–, y usó sirope, al que añadió nuez de kola. Para salir a flote, el buen hombre tuvo que vender los derechos de su invento. Murió de cáncer sólo dos años después, en 1888, sin sospechar los beneficios multimilonarios que generaría la Coca Cola.

El primer anuncio que apareció en la prensa, en The Memphis appeal, de 15 de junio de 1887,  decía: “Pregunte a su vecino qué ha curado su dolor de cabeza y le responderá Coca Cola, pues ha curado más de cincuenta casos sin fallar en una sola ocasión”.

094 the memphis appeal., june 15, 1887

Sin embargo, Permberton no fue el primero que tuvo la ocurrencia de mezclar alcohol y cocaína. En España ya se fabricaban bebidas similares, si bien nos faltó la visión comercial que sí tuvieron los norteamericanos. quizá por eso ellos son la primera potencia del mundo, mientras que nosotros vamos ya por la enésima temporada de Gran Hermano, sin contar las ediciones VIP.

099 coca vino - el siglo futuro. 9-12-1880, n.º 1 520

El caso más significativo fue el de la Kola Coca. En 1880, tres socios fundaron una destilería en Aielo de Malferit, un pueblo de Valencia. Presentaron sus licores en diversos certámenes y exposiciones, consiguiendo bastantes premios. En 1885, un año antes de que Pemberton le cambiara el nombre a su French Wine Coca, los valencianos daban a conocer, en un certamen organizado en Filadelfia, una bebida que contenía nuez de kola y de coca. Cuando Coca Cola llegó a España, en 1952, descubrió que no podía registrar su marca, porque se parecía demasiado a la Kola Coca valenciana. Los norteamericanos  decidieron acercarse hasta Aeilo de Malferit, y comprar los derechos de la marca por treinta mil pesetillas.

095 - cola coka - 1903

El licor de nuez de kola valenciano se sigue fabricando, por cierto. Sin coca, claro.

Estas y otras anécdotas se podrán leer en Curiosa publicidad en el siglo XIX, que se publicará próximamente.

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El loco de la baraja: gratis este finde

A partir del viernes, El loco de la baraja estará disponible gratuitamente. Libro que agencias literarias tan importantes como la de Sandra Bruna o IMC tildaron de “fresca y original“, con “una trama trepidante” además de “interesante y entretenida“, pero que no publicaron  porque “el género de humor, añadido a una voz poco conocida” no garantizaba un buen volumen de ventas (en serio. Ahí tengo los correos).

La novela se planteaba como la primera parte de una trilogía, que algún día me animaré a escribir cuando supere el chasco de saber que, donde se pone la biografía de Belén Estebán, no cabe la novela de un desconocido, por estupenda que sea. Los guiones están preparados, y contemplan superhéroes y armas de destrucción masiva en medio de un Madrid – Barça (entre otras burradas). Como digo, puede que me ponga a trabajar en el asunto cuando el bicarbonato haga efecto y me baje la bilis. También sería un buen incentivo conocer vuestras opiniones y recibir críticas.

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Nuevo diseño

WordPress tendrá mucha fama, pero es más feo que la fachada de una VPO. Hay que asumirlo. Si te conformas con las opciones gratuitas, sólo puedes acceder a un puñado de plantillas que parecen haber escapado de los tiempos del Frontpage 2000, con unas posibilidades de personalización casi nulas. Así que hemos escogido la opción menos horrorosa de todas, para darle un nuevo aspecto a la web, mientras pensamos si conviene o no conviene emigrar a otra plataforma. Una que haya entendido que estamos ya en 2018.

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Dobleces

Hemos venido ofreciendo nuestra colaboración a varios medios en los últimos días. Necesitamos darle bombo a nuestro trabajo, fuera de nuestro (estrecho) ecosistema natural, y a cambio estamos dispuestos a aportar contenido (algunos tenemos un abultado historial como redactores o colaboradores de distintos medios). Pero no hay tú tía. Detrás del escaparate (ya sea un blog de CiFi, una revista especializada en terror, una microeditorial que se presume amante del novel…), siempre hay alguien que busca venderte la moto.

Hoy mismo, me he puesto en contacto con una web (no diremos cuál) que pedía colaboraciones en distintos grupos de Facebook. Incluso animaba a los autores a proporcionar sus textos para darles visibilidad. Así que nos pusimos en contacto con ellos, para explicarles quiénes éramos y en qué podíamos ayudarnos mutuamente. Nosotros podíamos añadir contenido, por ejemplo, y ellos dar algo de bombo a nuestro catálogo. La respuesta fue que no les interesaba en absoluto la labor de escritores sin consagrar. Pero el responsable decía que (esto es literal) “podríamos encontrar un espacio de colaboración […] ofreciéndote mis servicios profesionales [como diseñador gráfico, a cambio de unas] tarifas muy económicas“.

No me parece mal que la peña quiera hacer caja. Pero oiga. Me lo disfraza y esconde de tal manera que no hay por donde cogerlo. Yo he contactado con usted para ayudar y ser ayudado, que es lo que usted ofrecía. Si quiere vender servicios profesionales, sea honesto y dígalo abiertamente.

Esta anécdota no merecería reseña si fuera la única. Sin embargo,  la hemos sufrido una y otra vez: sitios que cantan sus amores por los autores noveles, que dicen apostar el alma por determinados géneros, que presumen de un bolsillo vacío de falsas intenciones. Pero son simples comerciales, intentando llegar a tu cartera.

Se te queda un poco de mal cuerpo. Cuando se funciona sin dobleces, el camino es difícil y todas las metas quedan lejos. Los mercaderes no sólo llegan más lejos y más rápido: también entorpecen nuestros pasos.

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Aquel cementerio de Ravno gratis

Durante los próximos cinco días, regalamos este libro en formato Kindle. Agradecemos difusión y valoraciones.

aquel cementerioBosnia Hersegovina, 1999. Las heridas de la guerra que separó a bosnios, croatas y musulmanes siguen sangrando, y nadie garantiza que las armas se mantengan en silencio. Un paracaidista español, integrado en las fuerzas de pacificación lideradas por la OTAN, descubrirá horrores mucho más oscuros y terribles que los provocados por el hombre.

El autor estuvo integrado en la fuerza SPABRI X, de la Brigada Paracaidista, destinada en los alrededores de Mostar, entre abril y agosto de 1999. Se inspiró en su experiencia para crear esta historia, que incluye fotografías tomadas en el auténtico cementerio de Ravno.

 

 

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Problemas con Susurros II

Nos han reportado que hay algunos gazapos en la edición de la antología Susurros II. La habíamos revisado a fondo, pero es evidente que hemos metido la pata en algún punto del proceso. Por eso, con nuestra cara colorada, optamos por pedir disculpas públicamente. El siguiente paso es corregir el manuscrito, para eliminar los errores. Y el tercero, aprender la lección: para Susurros III, además de multiplicar los controles, someteremos el manuscrito al analisis de los autores seleccionados, antes de publicarlo.

De nuevo, perdón a todos. Nosotros corremos a escondernos bajo la cama.

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“No seas troglodita”

Hay campañas de publicidad buenas, malas y peores, y la iniciada por la plataforma Crea Cultura, de Atresmedia entra en la tercera categoría. Vamos, que es tan horrorosa como mis trabajos de plástica en el cole. El humor es un estimulante que funciona muy bien para vender ciertos productos, pero no se admite en todos los escenarios, y menos cuando tiene menos gracia que los mensajes que me envía el banco cuando tengo un descubierto. Ese anuncio no va a hacer reflexionar en absoluto al que piratea contenidos (“Oh, me llaman trogodita. Me enfado, no respiro y empiezo a comprar originales. Fíatetú.”) Como tantas y tantas campañas, equivoca las armas (ahora es el humor. Antes era la amenaza, incluyendo esos anuncios de visionado obligatorio que tenías que tragarte con tu flamante película comprada en formato DVD) y que no entiende en absoluto,y perdón por el lenguaje militar, cual es el campo de batalla.

De entrada, no todos los “creadores” partimos del mismo punto de salida. Un músico o un cineasta sufre (y llora amargamente) por las pérdidas que le suponen las descargas ilegales. Pero sigue haciendo caja con los conciertos o con las salas de cine. Pero un escritor, que es lo que me toca, sólo hacemos dinero con nuestros textos. Cero ventas significan cero euros de beneficio.  Y los autores desconocidos somos tan víctimas (o más) que los autores consagrados. Porque basta publicar una novela en Amazon para que al día siguiente se publiciten versiones pirata en media docena de sitios ilegales. Bots automáticos, imagino, que pescan cualquier novedad con ánimo de usarlas de carnaza para difundir malware, obtener datos personales y, en algún caso, endilgarse beneficios por un material que no es suyo. A otros las piratería les ahoga. Pero a nosotros, los escritores, directamente nos mata.

Ese es el panorama, y se me ocurren dos estrategias. Por una parte, lloriquear un poco, aunque sea inútil. Un autor famoso o consagrado cobra unos anticipos y tiene garantizados ciertos beneficios. La gente seguirá comprando Best Sellers en tapa dura, aunque sólo sea para adornar su estantería o hacer un regalo. Los novatos no tenemos esa suerte. Meses o años de curro se pierden en las páginas pirata. Y no. No es válido el argumento de “así te das a conocer“. Porque cuando obtienes algo gratis, a veces comprimido con otros tres mil libros más en un Torrent, no te detienes a valorar un relato en concreto. No te importa una mierda. No vas a perder el tiempo comentándolo en redes sociales, ni en recomendárselo a nadie (¿para qué? Te faltará tiempo para comentar y recomendar la obra completa de King, de Rice o lo último de Juego de Tronos). En el mejor de los casos, compartirás la manera de bajarlo gratis, y sanseacabó. Otra vez la burra al trigo.

Pero si las lágrimas no te conmueven, so Hitler, déjame contarte un secreto, a ti que presumes de no gastarte un duro (a mi me lo han dicho varias veces a la cara, con una sonrisa. Que todo se lo bajan gratis, incluyendo lo mío, si lo cazan por ahí. Eso equivale a decirle a un camarero que van a marcarse un simpa cuando se de la vuelta, pero parecen no comprenderlo. Para ellos, escritor es igual a friki que curra por gusto, y que debería dar las gracias, supongo, porque alguien se moleste en leer sus miserias). El secreto, decía, es que pagas por lo gratis. Aunque no lo sepas, aunque no salga un céntimo de tu cuenta corriente.

Pagas con la información personal que dejes en la web cuando te registres o, simplemente la visites (porque esos pilluelos averiguan cosas, incluso si no proporcionas ningún dato de manera voluntaria). Si no tienes el navegador debidamente protegido, pagas dejando la puerta abierta a publicidad no deseada y otras molestias que, en algún caso, pueden ser graves. Pagas con tu tiempo y con tus clicks a unos sitios que viven precisamente de eso, del tráfico de visitas. No eres consciente de haber perdido dinero, pero todas esas transacciones están ahí, aunque sean diminutas y apenas las veas.

Una de las grandes ventajas de la edición digital es que el contenido está vivo. Se puede actualizar la portada, retocar el texto, añadir ilustraciones o, simplemente, enmendar posibles faltas. El comprador legal paga una sola vez, y puede ir bajándose todas esas actualizaciones sin costes adicionales. El piratilla no disfruta de esas ventajas, al contrario: se puede encontrar una edición terriblemente mutilada. No sólo desaparecen formatos y estilos. También se pueden cargar fotografías que son esenciales para comprender el texto (eso me pasó con Curiosa publicidad en la prensa de 1880 a 1899, un ensayo que incluye unos 400 recortes. En una web se habían cargado la mitad y habían desplazado el resto, supongo que para aligerar el peso del archivo. Así que el texto era un galimatías difícil de comprender, porque se refería a elementos que no estaban allí).

Otra ventaja de comprar original, es que no voy a ponerte la cara de puerro que reservo a los piratas. Si apareces con un libro mío, te lo dedicaré encantado si me lo traes impreso, o te añadiré a la página de agradecimientos si lo tienes en formato digital.

En esencia, el fallo de todas las campañas contra la piratería es que están diseñadas desde arriba. Por y para los grandes, esos que invierten miles o incluso millones de euros en sus libros, discos o películas, y esperan obtener unos beneficios acordes. Es lógico que defiendan ese negocio, del que dependen muchos puestos de trabajo. Pero también es lógico que el público, con sus sueldos mileuristas, tuerza la cara ante determinados precios y no sienta ninguna solidaridad por el productor o el artista que se queja de la piratería desde la piscina de su mansión. Pero los creadores son más. Muchos más. Una mayoría silenciosa que, sin el apoyo de una gran compañía, tiene que sudar sangre por cada venta, y pelear a muerte por cada simple Me gusta. Por eso somos agradecidos, y nos gusta mimar a nuestro público. Cuando comprar un texto original, no sólo hablamos de un ejercicio de compraventa. Es un pacto: tu confías en mi para pasar un rato entretenido con mis historias, y yo espero que me recuerdes y no te duela gastarte un euro en comprar mi siguiente libro.