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Gratis: Nuestros viejos pecados

Desde mañana día 15, ofrecemos descarga gratuita vía Kindle de esta novela corta, escrita por Juan José Fermín Pérez.

La reencarnación, se crea en ella o no, es un concepto fascinante. ¿Cuáles fueron nuestras pieles y cuál fue nuestra casa en el mundo y en el calendario? ¿Dónde brillamos y dónde volcamos nuestras sombras? En esta historia, hay culpas tan hondas que desbordan la tumba, y penas que saltan el abismo de las décadas para hablarnos desde la almohada. Un secreto escondido desde los días de la Segunda Guerra Mundial está a punto de romper su jaula.

 

 

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Curiosa publicidad en el siglo XIX: amantes

El Romanticismo es una época dulcificada por la distancia. Una mentira más o menos hermosa, para esconder un paisaje infectado por la sífilis o la tuberculosis, y donde los corsés aprietan hasta el límite de la asfixia. En el siglo XIX, el amor tiene tantos lastres que no puede moverse. En las clases altas, los matrimonios se pactan sin consultar a los corazones. En las bajas, muchas décadas antes de que se hable de los derechos de la mujer o de divorcio legal, una boda puede equivaler a una cadena perpetua. Las calles tienen más iglesias que bares, y la moral católica lo empapa todo, tan pesada y venenosa como una lluvia de plomo fundido. Por eso, incluso si hay una chispa genuina entre dos jóvenes, sólo podrán verse bajo la supervisión directa de la familia, y no disfrutarán de intimidad hasta la noche de bodas. Los versos de un poeta romántico son, en el fondo, un grito de desesperanza. Sueños que no pueden saltar de la almohada. Quiero y no puedo.

la ultima moda, 30 de diciembre de 1900

Pero se sigue soñando, porque el cuerpo es enemigo de los barrotes, y siempre busca un poco de fuego cuando tiene tanto frío. A pesar de la educación recibida, de la paranoica vigilancia de la sociedad, del morder de la culpa y el pecado, hay quien necesita saltarse las barreras. Aunque no es fácil ser infiel en el siglo XIX. Los hombres que necesiten quemar sus pasiones más bajas pueden buscar refugio en una prostituta (una práctica que nadie comenta ni admite, pero es ampliamente tolerada y explica la monstruosa expansión de las enfermedades de transmisión sexual en aquella época). Pero las mujeres no lo tienen tan fácil. Están sometidas a su marido, y no es raro que también compartan techo con sus madres o sus suegras. Rara vez tienen excusa para salir solas de casa. La tecnología tampoco ayuda. Hoy existen mil maneras de conocer gente y contactar con ellas en el acto. Pero en el siglo XIX, sin teléfonos ni Internet, los mensajes deben ser mucho más directos. Una carta, un intermediario, un simple susurro al oído: todos los métodos posibles implican en un enorme riesgo.

portada nuevo mundo, 28 de septiembre de 1898

Alguien se dio cuenta que los anuncios por palabras podían ser una estupenda manera de enviar un mensaje. Sin aportar pistas de ningún tipo, dos amantes podían comunicarse en público sin llamar la atención. Por su naturaleza, son mensajes confusos y no siempre coherentes. Muchas conversaciones se han empezado por otra vías, y se terminan de manera abrupta. Pero es posible seguir algunas de esas historias durante un buen tramo. Por ejemplo, aquí tenemos las palabras de un tal E.O, publicadas en la revista Nuevo Mundo, el 17 de agosto de 1898:

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Pero el enamorado se desespera por no recibir la atención que cree merecer. Por eso escribe en el siguiente número, una semana después:

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El amante reaparece el 14 de septiembre, con el siguiente mensaje:

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¿Qué interrogante se le habrá clavado en el corazón? En esas líneas se intuye un cascabeleo de cristales rotos o el vacío de un libro que se acaba, cuando aún no se busca el final. La duda quedará resuelta el 21 de septiembre:

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Pero, en un dramático giro de los acontecimientos, como diría Fermín Trujillo,  los fragmentos se han vuelto a recomponer siete días más tarde:

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El culebrón sigue algunos capítulos más. E.O, que no parece el hombre más listo ni el menos machista de su época, se quejará de que:

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Después de enseñar su carácter celoso, E.O. se quedará sin respuesta, quejándose de falta de noticias durante varias semanas, hasta confundirse con el silencio. Es sólo un ejemplo, de los muchos que salpican las páginas de esas revistas y periódicos. Amores que nacieron y murieron en tiempos de nuestros tatarabuelos, y de los que sólo han quedado palabras impresas en una hemeroteca. Hay algo poético en la desesperación de hombres y mujeres como E.O, condenadas a esperar una semana entre mensaje y mensaje; a intercambiar una o dos cartas al mes, en el escenario más ingrato; a verse como las estaciones, tres o cuatro veces al año, tan furtivos y asustados como gatos que roban su comida, o a no verse jamás, salvo algún intercambio de miradas en un plaza o un teatro. Nosotros, que nos impacientamos si tardan cinco minutos en contestarnos un WhatsApp, que somos libres de querer por encima o por debajo de las sábanas, no soportaríamos el peso de tantos grilletes. Pero verlos (tan grandes, tan pesados, enemigos de la piel y de la carne que los soportan) quizá nos ayude a valorar nuestro lugar y nuestro tiempo.

Más ejemplos y detalles en Curiosa publicidad en el siglo XIX, que se publicará próximamente.

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Curiosa publicidad en el siglo XIX: ¡Navidades!

Seguimos trabajando como hormigas con esteroides en nuestro siguiente proyecto. A falta de unos pocos capítulos para el final, ya tenemos lista la (posible) portada:

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Una de las secciones de libro nos habla de Navidad, porque gran parte de esa tradición nació en el siglo XIX. Los Belenes proceden de los tiempos de Isabel II, década o arriba a abajo, que las madres fabricaban “sacrificando a lo pintoresco la verdad histórica y cometiendo en aras de la estética casera los mayores anacronismos”, como dice una revista de 1896. Por esa fecha, con el siglo XX ya a la vista, se consolida el decorar un árbol, que se llenará de regalos en Nochebuena.

Niño arbol - La Ilustración ibérica (Barcelona. 1883). 25-12-1886
Niños estrenando sus regalos debajo del árbol. La Ilustración ibérica, de 25 de diciembre de 1883

Tampoco es una tradición muy antigua, digan lo que digan algunos ciudadanos de bien, escribir a los Reyes Magos. Unos personajes cuya existencia histórica se pone en solfa, por cierto, y se acercan más al terreno de la alegoría: los tres grandes pueblos o etnias de la Tierra (asiático, africanos y europeos) reconociendo la autoridad del Hijo de Dios. La primera cabalgata de Reyes no se celebró hasta 1866, en Alcoy.

navidad en plaza mayor La Ilustración ibérica (Barcelona. 1883). 20-12-1884.png
Puestos de venta navideños en la Plaza Mayor de Madrid. La Ilustración ibérica, de 20 de diciembre de 1884

Y no, Papá Noel no es un personaje creado por la Coca Cola, como se repite una y una vez en determinados mentideros. En grabados del siglo XVII ya se le representa con un aspecto bastante similar al actual, con un traje ribeteado de pieles. Fue el artista norteamericano Thomás Nast quien empezaría a dibujarlo tal y como lo conocemos: un señor de aspecto amable y regordete, con la barba blanca y el traje rojo, a partir de 1868. La Coca Cola apareció casi veinte años más tarde, en 1886, aunque si es cierto que empezó a usar a Papa Noel en algunas de sus campañas publicitarias , a principios del siglo XX.

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San Claus. Ilustración de Thomas Nast. Publicado en Harper’s Weekly, 1881

Otra tradición navideña, la lotería, se instauró en 1812. Echar a los franceses y pagarle todos las caprichos a Fernando VII salía caro, y en las arcas del estado no quedaban ni las telarañas. Ya se celebraban sorteos oficiales desde 1776, en tiempos de Carlos III, y alguien se dio cuenta que sería una estupenda manera de rascar pasta.

Todas estas curiosidades, y algunas más, se cuentan al detalle en el libro.

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Caras y Caretas, 1 de enero de 1899

 

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Curiosa publicidad en la prensa del siglo XIX

Éste es nuestro siguiente proyecto. Un recorrido por la historia del siglo XIX, a través de la publicidad. Escogemos ese siglo porque fue uno de los periodos más revolucionarios de toda la Historia. En 1800, la gente se movía en caballo, se iluminaba con velas y se comunicaba por correo. Pero en 1899 existía el tren, el automóvil y ya se intentaba diseñar el primer avión. Había luces eléctricas en casi todas las ciudades, y el planeta entero estaba unido por las líneas de telégrafo y teléfono. Y elegimos fijarnos en los anuncios porque, a su manera, son bastante honestos. Nos dicen claramente cuáles son los sueños y los temores de la sociedad.

Un proyecto que incluye más de medio millar de imágenes, y que descubre el origen de un buen número de elementos cotidianos, desde la cámara de fotos al paraguas, del reloj de pulsera a la máquina de escribir, o desde la vaselina a la sopa en cubitos.

Esperamos tenerlo listo en el primer trimestre de 2019. Tendrá formato tapa dura, en gran formato y a todo color.

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Letras y espantos III y IV

Nuevas antologías impresas, de relatos que hasta el momento sólo están disponibles en formato digital.

3En Letras y Espantos III encontraremos tres relatos. El primero nos habla de La rabia atípica, un virus que ha destruido la inteligencia de gran parte de la humanidad. Phillipe, uno de los pocos supervivientes, debe abandonar un París convertido en llamas y cascotes cuando se agotan sus reservas de insulina. Este relato se ha situado en el top 10 de relatos de terror de Amazon, en su versión digital.

En Pida tres deseos, se relatan las consecuencias de anhelar ciertas cosas, sin considerar las consecuencias.

Por último, Niebla en el horizonte, ganadora del I certamen literario Las Nueves Musas, es una crónica de un protagonista anónimo de la crisis económica, que vive estrangulado por la ausencia de perspectiva. Tres historias que tienen en común la misma idea. Que en nuestra propia naturaleza siempre está la semilla que nos eleva o nos destruye.

4Letras y Espantos IV incluye dos historias. Aquel cementerio de Ravno nos conduce a la Bosnia i Herzegovina de 1999. Aunque los acuerdos de paz están firmados, las heridas de la guerra aún están sangrando. Aún quedan muchas fosas por abrir, y muchos refugiados fueras de sus casas. Los que volvieron, han de convivir a pocos metros de los que asesinaron a sus padres o violaron a sus hijas. En ese escenario, un soldado de las fuerzas de paz lideradas por la OTAN, se enfrentará a un horror mucho más antiguo y peligroso que los fusiles de bosnios, croatas o musulmanes.

Las antiguas civilizaciones sabían que los gatos podían cazar todo tipo de alimañas. Las visibles y las invisibles. Ellos eran los centinelas que señalaban el límite entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Miles de años después, conservan ese papel, aunque lo hayamos olvidado. Emilia es una niña a la que acecha un peligroso demonio. El único que puede salvar a la pequeña es Danko, un humilde gato doméstico. Su historia se cuenta en El pequeño guardián.

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Susurros II, segunda edición

Después de los problemas observados en Susurros II, le pedimos al maquetador que se hiciera el seppuku. El buen hombre estuvo un buen rato resolviendo rompecabezas numéricos, hasta que le explicamos que no hablabamos de sudokus, sino de otra cosa. Gritó que estábamos locos, y su amigo invisible y él se largaron dando un portazo. Creemos que nos ha dejado caca de perro escondida en algún sitio, pero aún no hemos averiguado dónde. En su lugar hemos colocado un ficus. También hemos contratado un becario, al que alimentamos con latas de albóndigas y agua de grifo, que tal vez ocupe el lugar del ficus, dentro de un año o dos, cuando demuestre su valía y sus ganas de progresar. Le hemos puesto a corregir el manuscrito, y hacer algunas mejoras y añadidos. Él sabe que ese hacha que tenemos en la pared no está de adorno, pero a pesar de eso dice que sí. Que ahora todo está correcto. Por eso a lo largo de hoy publicaremos la nueva edición, que estará disponible la venta en un día o dos.